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Metamorfosis de un partido
por Juan Alfonseca | Publicado  09/17/2008 | Exclusiva Calificación:


L
os partidos políticos dominicanos están sujetos al mismo proceso porque evolucionan en base a las leyes del clientelismo. El PLD no escapa a esa maldición.

Cuando el partido morado fue sacado de la crisálida por Juan Bosch, tenía el encanto opositor de asumir una prédica revolucionaria que plasmó en el nombre de la institución: "la liberación nacional" y, aunque se quiera negar, ya sea por razones auténticas o pose, era el partido de izquierda disimulada más grande del país.

Con el idealismo típico de toda etapa embrionaria de izquierda y un nostálgico caudillismo de su líder que resultaba extraño en un partido de cuadros, el PLD mantuvo su política abstencionista ya que Bosch llegó a catalogar los procesos electorales de 1970, 1974 y 1978 de mataderos electorales. No obstante, el profesor Bosch fue convencido de que esta agrupación era la vanguardia organizada del pueblo dominicano y como tal debía capturar el poder para desde ahí cambiarlo todo.

Es en ese contexto que la actitud del PLD, en torno a los procesos electorales, comenzó a cambiar a partir de 1982. Ese año, el PLD participó en las elecciones y logró alrededor del 10% de la votación.

La obtención de cargos electivos resultó ser un factor contaminante para la etapa romántica peledeísta y el idealismo comenzó a ceder, pues el poder tiene delicias que cuando se saborean, abren las puertas del clientelismo.

En esto jugó un papel importante el deterioro del profesor Bosch y, en 1994, luego de la penosa derrota electoral de ese año, Bosch anunció su retiro de la actividad política, dejando en el Comité Político la responsabilidad de conducir el partido sin su presencia.

Es en este escenario, cuando en 1996 el PLD, en un imprevisto histórico, el poder le cae en las manos como un regalo de Joaquín Balaguer. La realidad, por encima de cualquier principio doctrinario, era que el tamaño del gobierno era superior al de un pequeño partido que no estaba orgánicamente preparado para asumirlo y en poco tiempo quedaron atrás los círculos de estudios para darle entrada a los tecnócratas que ayudarían al partido, a salir adelante.

Pero la experiencia reeleccionista del 2004 colocaba al PLD a heredar un gobierno descomunalmente grande, hipertrofiado por el populismo perredeísta y al disponer de tantas vacantes, apareció una burocracia que se contagió de las mañas de los que iban para afuera. Copiando el molde de sus antecesores, el PRSC y el PRD, el PLD se lanzaría resueltamente por la vía por el clientelismo, solo que esta vez pintado de morado.

Hermano de padre del PRD, el PLD no escaparía a las leyes de la genética política desarrollando las mismas apetencias. La liberación nacional fue cambiada por la liberación personal y potenció los males crónicos de la clase política dominicana de la que no es ajena: disfrute del poder, endeudamiento, abultamiento de la nómina, hipertrofia del gasto, etc., etc., etc.

Pero ha sido un partido muy listo, que mientras enterraba sus principios tradicionales en el mismo panteón donde reposan los restos de Bosch, usó los recursos del poder, para diferenciarse, con una política de "percepción" que le sirviera de desodorante y evitar así los olores que les son comunes a todos los partidos cuya diferencia es apenas el color de una gorra. Pero la evolución del PLD no se ha detenido. Las fuerzas internas lo están llevando a un nuevo estadio de concentración de poder en que las estructuras orgánicas están cediendo ante un incipiente caudillismo, porque la lealtad ya no es al partido sino a quien otorga los cargos.

El PLD tradicional está desapareciendo. Conserva símbolos y estructuras, pero está convertido en un partido con los males endémicos de nuestra política, dentro de poco se sabrá si será un mero instrumento al servicio de un solo hombre.

Sería la claudicación de las aspiraciones de su dirigencia en que, como la serpiente, el PLD, transfigurado por el clientelismo, regresa a sus orígenes caudillistas.

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