La cueva de Alí Babá
No por los ladrones, sino por los tesoros
N
ada se parece más a una versión moderna de la Cueva de Sésamo que el Fondo de Pensiones, dentro de la cual, aunque no hay ladrones, sí hay un inmenso tesoro de 60 mil millones de pesos que ha despertado la codicia del Estado.
Desde el 2007, en ocasión de la rendición de cuentas ante el Congreso, el presidente Fernández anunció la intención de buscar en el Fondo de Pensiones el dinero para desarrollar la red vial descrita como Viadom, así como el ambicioso plan de construcción de 10,000 viviendas. Luego agregó que con el Fondo de pensiones se podía financiar la pequeña y mediana industria. Ahora agrega la intención de procurar 7 mil millones de pesos para fomentar la producción agrícola.
La iniciativa del Viadom talvez sea la menos arriesgada, aunque no se entiende la necesidad de financiamiento, porque se supone que el atractivo de las concesiones reside en el hecho de que los contratistas aportan su propio capital en las obras para luego usufructuar el pago de peaje durante 30 años.
El plan de viviendas es muy arriesgado, pues si se entregan de manera alegre con criterio político o demagógico, no se va a recuperar el dinero de los trabajadores.
Lo mismo podría decirse del financiamiento a las pequeñas empresas, pues todo negocio es una "aventura" que puede fracasar.
Pero donde se registra el riesgo más grande para los Fondos de Pensiones sería para financiar el agro, en un país donde tanto el agua en exceso como las sequías pueden acabar con los cultivos... sin mencionar las plagas.
Sorprende que el presupuesto nacional, en lo tocante a la Secretaría de Agricultura no cuente con asignaciones para la producción agrícola porque todo se consume en gastos corrientes y haya que buscar dinero prestado para estimular el campo y es evidente que el presidente de la república está obsesionado con los fondos de pensiones como fuente de financiamiento de la nueva cruzada agrícola.
El problema del financiamiento del agro es la garantía y por ello citamos la visión del presidente en ese sentido cuando dice que "estoy solicitando a las Autoridades Monetarias y Financieras someter a la Junta Monetaria que, de manera transitoria, la cartera de crédito que otorgue la banca comercial múltiple y el sector financiero en general a la agropecuaria, reciba una calificación A, con la finalidad de garantizar la seguridad alimentaria en el corto plazo".
Se podía pensar, como argumentan los críticos de esa cita, de que se trata de un dislate del mandatario porque las calificaciones de riesgo no se pueden dictar. Sin embargo, el presidente lo que busca es influir en el Comité de Clasificación de Riesgos de la Superintendencia de Pensiones, órgano que no solo puede dar luz verde a los financiamientos con el Fondo de Pensiones, sino que el susodicho comité está dominado por el gobierno, como lo demuestra su composición:
•
Superintendente de Pensiones
•
Gobernador Banco Central
•
Superintendente de Bancos
•
Superintendente de Seguros
•
Presidente Comisión de Valores
•
Un representante técnico
de los afiliados.
Nótese que los trabajadores apenas tienen un representante que defienda sus intereses, mientras que el resto responde a los del gobierno. Además ese Comité puede funcionar con tres miembros, lo que haría fácil imponer la calificación que el presidente desea.
EL SEGURO AGRÍCOLA
No obstante, aun se logre la calificación de riesgos a que aspira el presidente, las AFP no están obligadas a aprobar desembolsos sin que haya de por medio un seguro agrícola. Este seguro se ha visto como la panacea del problema, pero visto con fines prácticos presenta un riesgo para las aseguradoras. Asegurar la agropecuaria es igual que proporcionar un seguro de vida a los pacientes de un hospital geriátrico, ya que la prima sería igualmente alta en el seguro agrícola, donde los productores del campo necesitarían un financiamiento previo para cubrir la póliza.
LA RENTABILIDAD
Haciendo abstracción a los problemas de garantía de recuperación de los fondos prestados, está por medio el otro componente importantísimo en todo financiamiento: la rentabilidad.
La rentabilidad es algo de lo que no se quiere hablar porque de lo que se trata es que el Fondo de Pensiones es la cartera de préstamos a los más bajos intereses del mercado. Desde el punto de vista del objetivo de la ley, la pensión "decente" es el resultado de un cálculo simple: ahorro más rentabilidad. De manera que la alta rentabilidad en beneficio de los afiliados debería ser una obsesión de la SIPEN, sin embargo, la rentabilidad del Fondo de Pensiones que alcanzó el 24% en los inicios de la aplicación de la ley 87-01 se ha desplomado, como se puede apreciar en el gráfico.
Aun sea cierto, como dice la superintendente de Pensiones, de que el Fondo de pensiones es un "maravilloso instrumento de desarrollo financiero", lo importante para el afiliado es conseguir los "réditos" más altos posibles por prestar su dinero. Pero parece que la idea que se está vendiendo por debajo es que el Fondo de Pensiones, perteneciente a la "nueva oligarquía proletaria", es una cartera de préstamos a los intereses más bajos del mercado de capitales.
INVERSIONES
Debe destacarse, que los valores del Fondo de Pensiones no están inertes, sino que ya están colocados, como describe el gráfico de la SIPEN.
SITUACIÓN ABSURDA
Lo absurdo del Fondo de Pensiones es que buscan que se preste a quien sea, menos al afiliado. Así, se dan situaciones contradictorias, pues un afiliado con RD$300,000.00 acumulados en su cuenta, no puede acceder a un préstamo con su dinero en garantía. Así, el afiliado se dirige al Banco Propietario de la AFP que tiene su dinero secuestrado y se lo presta de acuerdo a las altas tasas de interés prevalecientes. El afiliado paga un 30% y luego la AFP del mismo banco le reporta el 9%. Así de sencillo.
El afiliado no tiene quien defienda sus intereses. Lo que importa es que mensualmente aporte una suma que aumente los tesoros de la cueva de Alí Babá.