A partir del 1996 nuestro país entró en un proceso de involución en el plano económico y político, todo esto gracias a las ambiciones y locuras de los gobernantes que le sucedieron al doctor Balaguer. Se ha perdido la esperanza de construir un país autosuficiente y donde las instituciones funcionen, por el contrario queremos endosar las soluciones a nuestros problemas a gobiernos e instituciones internacionales, sabiendo que la o crisis es generada en gran medida por la corrupción que ha permeado todo nuestro andamiaje social, y esto es lo que ha originado que la deuda externa se haya transformado en deuda eterna. A todo esto se le agrega la destrucción de agentes económicos privados, que han quebrado, perseguido, acusados y algunos que aparentemente no han sido afectados, están manos arriba, llevándonos con esto a que el capital extranjero se adueñe progresivamente de nuestra economía y por ende del país. El presidente Leonel Fernández y el ex presidente Hipólito Mejía, han sido los más responsables de todo esto, aunque el primero tiene una mayor culpa. Y es que en los actuales momentos el Presidente está más preocupado por su Reforma Constitucional que por la crisis que nos agobia, y no percibe que ya el pueblo lo está mirando en su justa dimensión, que no tiene más historia que contar con todo y la gran dosis de egocentrismo, ambiedades y, sobre todo, su temor a un escenario donde pueda ser cuestionado.
En el caso de Hipólito Mejía hay una diferencia, y es que no se avergüenza de su incapacidad y hasta bromea con ella.
En ambos personajes no se puede confiar, uno dijo que no se reelegiría, lo hizo y perdió; el otro, dijo en el programa "El Informe" que no aspiraría a un tercer periodo consecutivo, pero anda detrás de quitar el "nunca jamás". Ambos serían excelentes actores para las películas "El gran mentiroso" o "El farsante". Y lo peor es que todo esto afecta no solo a dos personajes, sino a toda nuestra política y nuestra sociedad.