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Cambios que merecen tiempo... y serenidad
por Dr. Julio Hazim | Publicado  07/30/2008 | Opinión



México acaba de reformar su código procesal penal. Ha sido una ardua tarea, llena de debates y tensiones, sobre todo en el Senado, donde los partidos de izquierda y las organizaciones sociales tuvieron la oportunidad de presentar sus criterios, ser escuchados y tomados en cuenta. Siendo un país extremadamente complejo por la presencia de una fuerte delincuencia organizada, México busca espacios legales más abarcadores y propicios para enfrentar ese flagelo. De ahí que algunas de las medidas propuestas hayan parecido excesivas a las organizaciones sociales, en una nación que, como casi todas las nuestras, no ha permanecido ajena a la presencia de lo dictatorial. Los temas más disputados fueron: permitir el arraigo domiciliario de hasta 80 días, que da la posibilidad de encerrar a alguien primero e investigarlo después, y la definición de "delincuencia organizada", que a algunos les parece muy amplia.

¡Ocho años! Igualito que nosotros

Pero lo que más nos llama la atención de esta aprobación por parte del Senado mexicano del nuevo código procesal penal no es su articulado, ni la capacidad de cabildeo de todas las fuerzas y tendencias. Lo que más nos impresiona es el cuidado de considerar a la sociedad como un sistema, en el que nada puede ser transformado sin tomar en cuenta la repercusión que esas transformaciones tendrán en el resto de las esferas políticas, económicas y sociales porque, en principio, el nuevo código solo será viable y eficiente si se preparan condiciones para que así sea en toda la estructura social mexicana. De tal modo, para instrumentar su aplicación, los mexicanos se han otorgado nada menos que ocho años. ¡Vísteme despacio, que estoy de prisa! Nosotros también aprobamos nuestro nuevo código penal, pero lo pusimos en funcionamiento al vapor, como si el mundo se fuera a caer si nos tomábamos algún tiempito para pensar y hacer las cosas como Dios manda. Así, cuando quieran discutir las insuficiencias que ese nuevo código ha tenido en la realidad de su práctica, empiecen por ahí, por ese apuro que en nosotros parece algo congénito.

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