Sesenta años lleva la guerra civil colombiana, con un estremecedor trazo de violencia que ha convertido al hermano país sudamericano en un verdadero caos.
Sesenta años lleva la guerra civil colombiana, con un estremecedor trazo de violencia que ha convertido al hermano país sudamericano en un verdadero caos, atrapado entre la droga y la guerrilla, ¿o es que a estas alturas ambas no serán lo mismo? El último capítulo de esta confrontación se ha convertido en un verdadero culebrón televisivo. La liberación de Ingrid Betancourt, tras seis años de permanencia involuntaria en la selva, merece una lectura muy cuidadosa y reveladora, pero los medios han preferido el melodrama y el amarillismo, así que el análisis sensato de lo ocurrido ha sido desplazado por las lágrimas, los gestos grandilocuentes y las dudas en torno a si la salud de la ex candidata presidencial llegó a ser en algún momento tan mala como se decía. Cualquier ojo que sea capaz de rasgar esas capas de lo aparente, se daría cuenta de que este rescate tiene un fuerte carácter simbólico y que lo único importante es el hecho de que nadie, absolutamente nadie debería ser usado de rehén... nada más.
Otros signos han mostrado al mundo la decadencia de las FARC con mayor fuerza. Uno de ellos, quizás el más revelador, es la reversa que diera Hugo Chávez, al exigir que sus hasta hace poco aliados guerrilleros colombianos liberaran incondicionalmente a todos los rehenes y reconsideraran la pertinencia de la lucha armada en estos momentos. Claro que Chávez estaba por entonces en una posición muy cuidadosa, tras el affaire del computador que le fuera encontrado al difunto Reyes. Pero si las condiciones de las FARC hoy fueran tan sólidas como lo fueron no hace demasiado, el presidente venezolano jamás habría hecho tales declaraciones. Si algo cierto hay, es que estamos viviendo la decadencia de la guerrilla más antigua del continente y, probablemente, del mundo. La muerte o la prisión consecutiva de varios de sus líderes y la desaparición de Marulanda, su jefe esencial, los han dejado en una precaria situación, que probablemente está disuadiendo a sus financistas de continuar con una guerra que se había convertido desde hace mucho en un cruel negocio.