
El alcoholismo es el consumo exagerado de alcohol, que ocasiona al bebedor problemas físicos, mentales, emocionales, laborales, familiares, económicos y sociales. Desafortunadamente, el consumo de alcohol aumenta de manera constante, sobre todo entre los jóvenes. En nuestro país la organización Alcohólicos Anónimos alberga en sus grupos cada año a cientos de jóvenes entre 18 y 19 años que desde niños son adictos al alcohol.
Para nadie es un secreto que en nuestro país los estudiantes ya preparan su "yupy-yupy", una combinación de ron, vodka y jugo artificial que disfrazan almacenándolo en un termo para jugos naturales. De esta forma consumen alcohol sin la supervisión de un adulto.
Es por ello que las universidades privadas mantienen un personal que recorre las diferentes facultades para corregir y amonestar a los estudiantes que fumen en los pasillos o que se encuentren en estado de ebriedad. Esta amonestación es el terror de los estudiantes que prefieren cada viernes no asistir a clases y quedarse en el colmado compartiendo con los amigos.
Dr. Cesar Mella responde:
Las causas del alcoholismo son diversas, se ha demostrado que la herencia juega un papel importante "existen familias de bebedores". Genes específicos están en vías de investigación.
Existe un " aprendizaje social, en jóvenes entre los 12 y 15 años que descubren en el alcohol un lubricante social a su timidez o un complemento a su personalidad". Otros factores culturales, en medios, que como el nuestro las bodas, los cumpleaños, los bautizos y hasta los velatorios son "un motivo" para beber, condicionan el hábito. Los medios de comunicación y el machismo han jugado un papel que refuerza y muchos factores más.
Perfil
El perfil del bebedor es masculino, joven (jovial o tímido) que trabaja o que ha perdido el trabajo, soltero o que ha perdido su relación de pareja; solitario y dado a los grupos con el mismo hábito; jugador o tendente a los deportes o hábitos de riesgos; con alguna condición que tiende a deprimirlo (VIH positivo, diabético, hipertenso) que se inició después de "un fracaso" (infidelidad de su mujer) los inconformes con ellos o con sus circunstancias para los que el alcohol "es un medio de ahogar las penas".
Se ha invocado que el bebedor es un pasivo dependiente y una persona con una conflictiva inconsciente con las figuras parentales. Los cambios bruscos del ánimo como es el caso de los pacientes bipolares lo hacen proclives al consumo abusivo del alcohol. Ciertas ocupaciones como los casinos, las casas de citas, el expendio o uso de drogas psicoactivas pueden conllevar al abuso del alcohol. Las personas estresadas o con trastornos por ansiedad, como ciertos gerentes o dirigentes, se acostumbran a "tomar uno o dos tragos al final de la jornada" y van aumentando la dosis. De ahí la popularidad de los "happy hour."
Influye en el consumo de alcohol que los colmados se establezcan cerca de las universidades.
El colmadón y su emergencia urbana en los años 70 abarató el consumo de bebidas y reivindicó el descuidado serrucho (asumir una cuenta entre varios) y tiene la ventaja de que se ingresa y se sale a cualquier hora; el pago casi siempre es efectivo e inmediato; permite seguir los espectáculos deportivos por TV y a veces es un punto de apuestas o de encuentros para piropear a las parroquianas de paso o a las del barrio.
El colmadón no requiere de vestimentas especiales y la propina no es un requisito, tampoco el crédito a desconocidos. El caso de la proximidad de los mismos de las universidades nos hace suponer que la juventud se esta iniciando más temprano en el hábito; que son espacios de socialización y que el gasto es relativamente reducido. Con todo y los obstáculos y la contaminación por ruido a la vecindad el índice de incidentes en los colmadones me parece bajo. Con lo que se le gana en % a cada botella de bebida, el expendio de alimentos resulta ser secundario en los colmadones, los cuales tienen además servicios de "delibery", pues excepto "la muchacha del servicio", las llamadas "familias decentes" no envían a sus niñas a los colmadones a " hacer los mandados". No sé hasta donde existe algún estudio que vincula rendimiento escolar con frecuencia de visitas y consumo de alcohol de los jóvenes universitarios.
Como el alcohol tiene un consumo legal, el ser visto en un colmadón esgrimiendo una botella, que podría ser un acto vergonzante en los años 50 y 60, solo propio del borrachín conocido del barrio, hoy, día es casi un signo de ostentación de virilidad, libertad, machismo y hasta juerga, el exhibirse en esos lugares.
Relación de la tristeza, la presión, la angustia con el alcohol
Todo el texto de la bachata y de la canción de amargue que se escucha en bares, barras y colmadones hace alusión a la tristeza, el despecho y a los amores imposibles. El alcohol es un evasor, un relajante, un desinhibidor de conductas. El llamado jumo con jipios, es el sujeto que sobrio no lloraba una pena o una angustia y lo hace en medio de un amargue de embriaguez. "Bebo para ahogar las penas" se ha dicho, y es, que la percepción, las ilusiones y el contenido de los pensamientos "afloran" a la conciencia cuando hasta este momento estaban reprimidos. ¿Cuánta gente no se le ha declarado en amor a una mujer después de un jumo? ¿Cuántos tímidos no se paran a bailar después del segundo trato? ¿Cuánta gente no ha llorado un duelo retenido después de la muerte de un ser querido en medio de unos tragos?
Los Factores
Hay dos criterios muy antiguos para etiquetar a un dependiente del alcohol:
1.- INCAPACIDAD DE DETENERSE.- Es el sujeto que se bebe el ron y la botella; el que hay que llevárselo a la casa en medio de un jumo; es el que es incapaz una vez se sienta a beber de aguantarse.
2.- INCAPACIDAD DE ABSTENERSE.- Quiere decir el que no deja pasar ni un solo día sin beberse "aunque sea un traguito", es más, hay personas que "salen de un saltito del trabajo "cualquier día de semana y se toman "uno para tomar impulso".
Por supuesto, el tiempo tomando, la edad de inicio, la relación laboral, la relación familiar, el contacto con la ley y su cumplimiento; el contacto positivo con amigos; su nutrición, su sexualidad; su ánimo; su productividad; su relación con sus hijos, si los tiene; el grado de afectación en su rendimiento social global, su salud física y un pool de factores que el clínico debe evaluar a la hora de hacer un diagnóstico, prescribir un tratamiento y vaticinar el pronóstico.