Leonel: el poder y la contemplación
Nadie duda hoy de que Leonel Fernández es el hombre más poderoso de la República Dominicana. Posiblemente ningún otro político, salvo Trujillo, ha tenido a lo largo de la historia dominicana tanto poder en sus manos como el actual mandatario. No es solo que el líder del PLD tenga a su disposición todos los poderes del Estado y del Gobierno. También puede decirse que tiene una enorme ventaja con respecto al resto de los políticos locales y es el único de nuestros estadistas que cuenta con un reconocimiento internacional importante. Sin embargo, si nos remontamos al pasado reciente, podríamos reconocer que, entrando al 2002, Hipólito Mejía llegó a tener casi tanto poder como el que acumula hoy Leonel. Y, como Hipólito comenzó a partir de ese momento un declive que no se ha detenido hasta hoy, sería bueno comparar ambos casos. ¿Qué hizo Hipólito y qué hace Leonel Fernández con tal cúmulo de poder en sus manos?
Salir al terreno o mirar desde las gradas
El estilo de gobierno que desplegó Hipólito Mejía es inolvidable: parlanchín, autocéntrico, impulsivo, grosero incluso... en fin, el clásico guapo de barrio, entonces sentado en la silla presidencial. No cabe duda de que Hipólito cometió errores garrafales con toda esa cuota de poder que llegó a acumular, sobre todo porque partía de la premisa de que era un ser tocado por la mano de Dios y de que bastaba con la voluntad para hacer lo que se le ocurriera.
Por otra parte, tampoco estuvo muy bien acompañado y menos bien aconsejado. En fin, el caos. Leonel es todo lo contrario. Tiene el poder de decidir en sus manos, es dueño de su propio programa político y sabe que gobernar es un equilibrio. Inteligente, culto, mesurado, Leonel es un político de raza, que ha logrado acumular una gran cuota de mando... para nada. Mientras Hipólito al menos se arriesgó a acometer, Leonel mira abúlico lo que ocurre a su alrededor y, si no resuelve nada, tampoco puede equivocarse. En el fondo, es una desgracia para este país: cuando los hombres poderosos tienen decisión, les falta inteligencia; cuando tienen inteligencia, entonces les falta decisión. Lo terrible del caso es que Hipólito declinó por exceso de voluntarismo y Leonel se arriesga a hacerlo por falta de acometividad. ¿No es una paradoja?