Nada retrata mejor la credulidad humana que el caso de José Luis de Jesús Miranda, autoproclamado, "Dios viviente". Esto quiere decir que cualquiera sale a la puerta de la calle proclamando ser lo que quiera y encontrará un bando de fanáticos que lo siga.
Miranda, que combina la segunda venida de Cristo con el anticristo del final de los tiempos, anda con una prédica exenta de ética: se puede hacer de todo y dar rienda suelta a los instintos porque los pecados del hombre, en todos los tiempos, fueron lavados con la sangre del cristo que el alega ser.
Miranda se fue sin pena ni gloria, dejándonos a la espera de la verdadera segunda venida de nuestro Señor.