Entre nosotros hay la costumbre de conceder cien días de paz
Entre nosotros hay la costumbre de que, cuando un partido gana la presidencia, el resto, en un acto de caballerismo, le concede cien días de paz para organizar sus proyectos y engrasar su maquinaria de gobierno. En el caso del PLD esto sería innecesario, no solo porque ganó las elecciones, sino porque casi hasta el gato sabía que iba a ganar. Así, es cuestión de que se pongan a trabajar ya y nos digan qué medidas se están tomando o se van a tomar para paliar los problemas que asolan a ese mundo del que somos parte. A fin de cuentas, ya Leonel tenía claro qué quería hacer en su nuevo cuatrienio. Pero, de todas formas, los cien días son necesarios, aunque no precisamente para el gobierno.
¡Piensen en los votantes, por el amor de Dios!
Son los votantes quienes merecemos esos cien días. Tres santos meses sin escuchar alaridos, impugnaciones, descrédito de los contrarios. Tres meses de paz, en que podamos ocuparnos de nuestros asuntos, compartir con nuestras familias, añoñar a los amigos y ver los deportes en televisión sin que alguien nos venga a precisar para que tomemos una decisión política. De hecho, la Junta Central Electoral debería emplear esos tres meses en despolitizar la vida social dominicana. Debería de exigir a los partidos que retiren toda la basura electoral que afea nuestras calles y carreteras. Debería prohibir que alguien aparezca a inquietar a las personas con sus ambiciones y odios políticos. ¿No dicen los partidos que trabajan para el pueblo? Pues que le den cien días de paz. Y punto.