El presidente Fernández al pronunciar su discurso ante la Asamblea Nacional el 16 de agosto del 2004 dijo que se iniciaba un período de regeneración moral y patriótica, así como de reorganización económica, social e institucional, y se comprometió a hacer que el pueblo asegure su derecho a la alimentación, al empleo, a la educación, a la salud, a una vida moderna. Después de cuatro años, el pueblo lo que puede sospechar es que el mandatario repita estas mismas promesas el 16 de agosto próximo.
Esta vez sentarse en la silla presidencial será como caminar sobre un campo minado, ocasionado por el alto costo de la reelección. Y ahora, no podrá levantar el índice acusador contra el pasado gobierno, porque sería él mismo.
En el 2004, el presidente Fernández encontró la deuda externa casi duplicada (7 mil 200 millones de dólares), ahora tiene que explicar por qué la deuda está en US$14,055.5 millones, de los cuales corresponden a la deuda externa US$7,566.1 millones y a la interna US$6,489.6. Es posible que la capacidad para endeudarse no tenga límites. Lo que sí tiene un límite es la capacidad para pagar. Al parecer, al mandatario se le olvidaron estas palabras puesto que no se recordó de las limitaciones de pago hasta para hacer préstamos a escondidas, sin pasar por el congreso, ni mucho menos con el conocimiento de los contribuyentes.
El mandatario carece de dones divinos para hacer milagros. En estos momentos críticos, los ciudadanos esperan que no les vuelva a ofrecer "sangre, sudor y lágrimas", si es él el responsable de la situación de crisis que pasa nuestra nación, Este pueblo no aguanta más cargas impositivas, sin ningún tipo de retribución, y espera que el gobierno ponga a funcionar un verdadero plan de austeridad, como respuesta a lo que prometió al asumir el cargo en el 2004 y el cual no aplicó. Es al presidente, que dijo que había exceso de cargos públicos, creados mediante la práctica del clientelismo o bien producto de las duplicidades de funciones dentro de nuestro aparato burocrático estatal, que le toca suprimirlos.
Cuando el mandatario expresó que el modelo de desarrollo económico que visualizamos, es al sector privado que le corresponde desempeñar el papel de locomotora del tren del progreso, y al Estado, el de simple maquinista que la pone en movimiento sobre los rieles, creemos que no se refería al sector privado, ni al Estado en si, sino, al metro según su conceptualización que está por encima de todos, porque a lo mejor hablaba en parábolas.
El presidente Fernández dijo que en su gobierno nadie está autorizado a realizar compras o transacciones que vayan más allá de lo estrictamente indispensable, podría utilizar los fondos públicos para la adquisición de nuevas jeepetas, o para utilizar un celular, y los viáticos serían disminuidos. Los gastos superfluos, eliminados. Claro está, él había prometido reducir significativamente el gasto corriente e hizo todo lo contrario.
Leonel Fernández prometió enfrentar el hambre y la pobreza con energía, y el fenómeno de la corrupción.
Fernández dijo que la democracia se fundamenta en la rendición de cuentas. Aquel que no tenga las suyas claras, sea del sector público o del privado, que sepa, desde ahora (2004), que la justicia no será objeto de obstrucción ni de manipulación alguna por parte del Poder Ejecutivo para que actúe conforme a como indican nuestros códigos y leyes. Pero sus funcionarios no declaran sus bienes y hay denuncias de que pretende tener el control de la SCJ. Al parecer, una fuente puede dar agua dulce y salada a la vez.
Fue este gobierno que enarboló el programa "Comer es Primero" para que ningún dominicano se vaya a la cama con el estómago vacío.
"La República Dominicana no puede seguir como va. No puede seguir con la inseguridad ciudadana, con el tráfico de influencias, con el clientelismo, con el enriquecimiento ilícito, con el abuso de poder, con el irrespeto, en fin, con la falta de seriedad en todo", increíble pero cierto, esto lo expresó el presidente Fernández.
El presidente Fernández planteó el 16 de mayo del 2004 que juntos podíamos ponerle fin a los apagones, al hambre, y poder garantizar la distribución de medicamentos en los hospitales y disponer del acceso al agua potable. Podemos construir calles y caminos vecinales, proteger el medio ambiente, los recursos naturales, al sector agropecuario, a la industria nacional, a las zonas francas, a las medianas, pequeñas y microempresas y al sector turístico, para lograr mayores niveles de productividad y de competitividad, generando mayor riqueza para el bienestar y la felicidad del pueblo dominicano.
El 16 de agosto el pueblo dominicano espera que el presidente, no vuelva a repetir el discurso del 2004, en ese acto solemne se espera que el mandatario intente al menos cumplir con esas promesas sin hacer otras nuevas.
La permisividad, la incompetencia y la corrupción han primado en el pasado cuatrienio aunque el Presidente no lo quiera reconocer.
Es curioso y hasta doloroso ver como el presidente Leonel Fernández ha cultivado cualidades de "cachazudo y cara dura" que nunca soñamos que poseía, cuando después de aplastar a Danilo y posteriormente a la oposición con los recursos del Estado, les pide tranquilamente que se integren a colaborar para enfrentar hombro con hombro la crisis que nos afecta.
Ahora bien, nos resultaría muy desagradable que el próximo 16 de agosto el gobierno venga de nuevo con el cuento, de que la crisis es por factores externos o por disparates del gobierno del PPH.
Nos da la sensación que el presidente no conoció los cuentos infantiles de Pinocho y mucho menos cantó en la escuela: "no digamos jamás la mentira"..., porque si "e pa’lante" que vamos, sería mejor que deje todo como está, porque lo que hay delante es un precipicio, que nos coloca a muchos en el siglo XIX, a una cantidad insignificante en el siglo XX, y el único ciudadano dominicano que vive en el siglo XXI en nuestro país, es el doctor Leonel Fernández Reyna.