En la pelota, a veces, la suerte de un equipo no está en sus manos. Depende de lo que otro equipo pueda hacer. Eso le está ocurriendo ahora mismo a Hipólito Mejía, quien probablemente nunca pensó que alguna vez desearía un triunfo arrollador de Leonel Fernández en la primera vuelta que se correrá el próximo 16 de mayo. El asunto radica en que, una vez consumado el triunfo peledeísta, Hipólito y Miguel Vargas Maldonado tendrán que dirimir de qué lado cae el liderazgo del PRD. Ahora, las condiciones de esa disputa dependerán de si el gallo morado gana en la primera vuelta o en la segunda. Si ocurre lo primero, entonces Hipólito emerge con mayores posibilidades; si pasa lo segundo, entonces el MVP tendrá todavía mucha tela por donde cortar.
Lucha de pesos pesados
Veamos. En el fondo todo va a depender de cuántos votos pueda arrancar Miguel Vargas Maldonado a la contienda electoral que va llegando a su clímax. Si esos votos son muchos (más de los obtenidos por el PRD en el 2004 cuando Hipólito perdió las elecciones frente a Leonel Fernández) y, sobre todo, si logra llevar a Leonel hasta una segunda vuelta, entonces su arraigo se fortalecerá y será muy difícil desbancarlo. Si, como se espera, todo termina el 16 de mayo, entonces tendrá que sentarse a sacar cuentas con Hipólito Mejía para determinar quién sacó más votos, si él ahora o el Guapo de Gurabo en 2004. Pero el asunto no termina ahí. Cualquiera de los dos que se haga con el liderato del PRD, tiene entonces que sentarse a negociar con Leonel para echar a andar la reforma constitucional y eliminar el "nunca jamás" que les impide volver a optar por el poder. Así, la suerte política de ambos a fin de cuentas queda unida al hombre que los derrotó: Leonel Fernández, quien terminaría siendo por un lapso de tiempo breve aliado de sus más encarnizados rivales.