El cacareado progreso dominicano es lo que más se parece a un bizcocho de bodas, en que el primer piso contiene pastel, pero los demás son de cartón recubierto de un suspiro.
El cacareado progreso dominicano es lo que más se parece a un bizcocho de bodas, en que el primer piso contiene pastel, pero los demás son de cartón recubierto de un suspiro.
Gobierno tras gobierno, se esgrime siempre el argumento de los logros de desarrollo y progreso, pero el actual le ha añadido "la modernidad".
Pero el progreso, cuya continuidad se ha convertido en un tema de campaña, no es más que un espejismo creado por la propaganda, pues en términos reales el progreso no es un slogan, sino una realidad que debe ser visible, apreciable y concreta.
Cualquiera se siente tentado a decir que el progreso en la República Dominicana se detuvo en 1996, con algunos amagos en el primer gobierno del Dr. Leonel Fernández, pues se necesita de una transformación cuantitativa y cualitativa sobre lo que está hecho para alegar progreso. De lo contrario, aunque sea un trago amargo para muchos, hay que admitir que vivimos todavía en la República Dominicana de Balaguer, porque no hay, en ningún renglón, iniciativas que superen sus ejecutorias. Como dijo Vincho una vez "encontraréis su huella por todos los caminos".
El progreso de un país comienza por el hábitat en que se va a desarrollar. Así, Balaguer cerró en 1966 los aserraderos que defoliaban nuestros bosques en momentos en que el medioambiente no era tema de discusión. Pero el gobierno del PRD de Antonio Guzmán reabrió los aserraderos en 1980 con el cuento de que el desmonte se trataba de "raleos", es decir, entresacar árboles para que no se note el claro dejado por la sierra.
Desde entonces, ningún gobierno se ha preocupado por la deforestación. De hecho, los Parques Nacionales creados por Balaguer fueron descuartizados por el Senado perredeísta en el 2002, pero el peledeísta ha continuado sirviendo a los intereses de los buitres que se reparten esa riqueza ecológica como carne de carroña. La mejor muestra de ello fue la destitución del entonces secretario de Medio ambiente, Max Puig, porque se oponía a la ley que recortaba los Parques Nacionales... que el Senado peledeísta quiere profundizar.
El progreso, en un país que tiene más ríos y lagos que todas las islas de las antillas juntas, es como se explota esa bendición de la naturaleza para proporcionar agua potable a la ciudadanía, generación eléctrica para la industria y canales de riego para mojar los fértiles campos dominicanos.
Pero, de nuevo, fue Balaguer quien construyó las 8 presas más importantes del país, así como los canales de regadío más grandes... con recursos propios. Pero esa política se estancó. El mejor ejemplo es la presa múltiple de Guaiguí en La Vega, para la cual el gobierno de Hipólito Mejía concertó un préstamo de 42 millones de dólares con bancos de Noruega en el 2002. El dinero se disipó, quedando la obra abandonada a medio talle. El gobierno del PLD aunque anunció el reinicio de la construcción de la obra... no la ha comenzado.
La construcción de acueductos tampoco ha progresado y es una afrenta que la ciudad primada de América reciba un suministro de agua de 2 horas los días que llega. La capital dominicana en términos de agua, parece una ciudad de post guerra donde el vital líquido es racionado. Dresde, ciudad alemana bombardeada por los aliados, recibía mas agua, estando en ruinas, que el Santo Domingo de hoy bajo la atmósfera de la modernidad.

Tampoco en materia energética ha habido progreso alguno en los gobiernos del PLD. Al contrario, la privatización de la CDE fue un rotundo fracaso. Además, para un gobierno que se precia de tecnócrata, amante de la modernidad, no se aprecia avance alguno en fuentes alternativas de energía. En un país de sol radiante, no se ha implementado un serio programa de generación con luz solar. Tampoco eólica.
En vivienda, el país acusa un déficit enorme y no se aprecia progreso alguno. Resulta increíble que en los dos primeros periodos de Balaguer, 1966-1974, se construyeron más complejos habitacionales que en todos los gobiernos que le sucedieron hasta el día de hoy.
A excepción del progreso vegetativo de la sociedad es notorio que lo que hay es un estancamiento general y hasta un retroceso en muchos órdenes. Basta con leer el informe sobre los Objetivos del Milenio en la República Dominicana divulgado por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia –UNICEF- que establece que nuestro país ocupa el tercer lugar en América Latina como el país de menor inversión en educación, salud, agua potable, vivienda, deporte, cultura, saneamiento y asistencia social, con apenas el 7.6% del PIB, sólo por encima de Guatemala (6.2%) y El Salvador (4.2%).
Pero el afán del gobierno es vender la idea de un progreso deslumbrante que debe ser modelo para América Latina, llevado a cabo por un presidente que debería ser reconocido como líder continental.
Precisamente esta obsesión de reconocimiento internacional llevó al presidente Fernández al descabellado progreso de la interdicción aérea, comprando a Brasil 8 aviones Súper Tucano por un valor total de 94 millones de dólares, es decir, 32 mil millones de pesos. Es más que evidente que bastaban 3 aeronaves para la vigilancia del territorio nacional, pero el presidente Fernández nos metió en semejante deuda, no porque los aviones fueran necesarios, sino para halagar a Lula y estar "frío" con él, a ver si este lo apadrinaba para entrar en el coro de presidentes que dominan la atención en la región: Lula, Chávez, Evo, Uribe y Correa.
El progreso, visto por el oficialismo, es un asunto de fachada, para lo que basta tener pantallas gigantes, computadoras y bombillitos de colores. Pero donde el gobierno se ha concentrado para proyectar progreso y modernidad ha sido el metro de Santo Domingo, una obra que más que progreso del transporte, luce como una atracción de la Feria Mecánica en que el público disfruta como diversión.
Para un progreso real no hay que inventar, sino definir si nuestro potencial es agrícola, industrial o turístico. La naturaleza nos enseña que un país agrícola no puede eludir ese destino si realmente queremos encontrar la riqueza que necesitamos para nuestro desarrollo real. Lo demás es un progreso de cartón.