No es un eslogan. No es una frase cubierta de patrioterismo. Es una realidad
No es un eslogan. No es una frase cubierta de patrioterismo. Es una realidad: en medio de una vida social generalmente teñida de sinsabores y en la que todos los días nos sentimos incapaces frente a la corrupción y el medalaganarismo, ese día en que vamos a las urnas y depositamos el voto es nuestro único día. El minuto en que marcamos la boleta y la echamos es nuestro minuto de poder. Ese vale por todos los desmanes que vemos hacer a los políticos, amparados en el manto cubridor del poder. No es cosa de conformarse porque otros están peor, pero al menos para hacernos llegar a ese día los políticos han tenido que pensar en nosotros, aunque solo sea para ver cómo nos compran el voto.
Maneras de votar
No todo el que asista a votar el próximo 16 de mayo lo hará animado por un mismo motivo. Unos irán por partidarismo, incluso por fanatismo hacia alguna figura o agrupación. Otros usarán ese derecho como un negocio, bien porque le han pagado la acción, bien porque esperan alcanzar alguna prebenda una vez gane el partido de su elección. Habrá quien se presentará a las urnas por inercia, sin saber a ciencia cierta por quién debería depositar su voto. Incluso, no es de extrañar que algunos se aparezcan por los sitios de votación en son de chercha, para encontrarse con los panas o ver cómo encaminan la fiesta. Claro, también estará el que vota por conciencia, porque cree realmente en la figura a la que entrega su confianza y en el valor del acto que acomete. No importa. Todos tienen razón. Consciente o inconscientemente, todos ponen en práctica un derecho que es al propio tiempo una obligación para con su país: la obligación de ser ciudadanos.