A 48 años del estallido de la Revolución de Abril, me siento a recordar hechos que mi memoria me permiten sin consultar literatura alguna.
A 48 años del estallido de la Revolución de Abril, me siento a recordar hechos que mi memoria me permiten sin consultar literatura alguna.
Tenía 25 años cumplidos.
Recién graduado de doctor en medicina de la UASD y terminando mi pasantía. Había fijado fecha de matrimonio para el 3 de mayo de ese año (nos casamos sin fiesta el 16, en la capilla del Seminario Santo Tomás de Aquino).
Gobernaba Donald Reid y Ramón Cáceres, en un Triunvirato de dos (decía Donald que Ramón valía por dos).
La tropa policial anti-motines de los cascos blancos (o negros) tenía su cuartel en la Fortaleza Ozama.
La infantería de la Fuerza Aérea estaba en San Isidro comandada por el general Elías Wessin, se llamaba CEFA, y su ayudante era el capitán Fernández Collado padre de Leonel Fernández y esposo de la madre de sus dos hermanas.
La Fuerza Aérea la dirigía Juan de los Santos Céspedes (Pimpo).
Rivera Caminero era el jefe de la Marina y Montes Arache era el comandante de los hombres ranas.
Anselmo Pilarte dirigía un batallón del ejército con asiento en transportación.
El general Montás Guerrero, creo que era jefe del Ejército o quizas lo era Valdez Hilario o Pérez y Pérez.
No olvido que Belliard Sarubi era el relacionador público de la Policía.
El 24 de abril comíamos en el restaurante el Pony de la Feria Ganadera propiedad de uno de los hermanos Periche.
A la 1:30 p.m. junto a tres médicos compañeros salimos del lugar hacia la casa de mi novia en la Arzobispo Portes, Cuando escuchamos en Tribuna Democrática por Radio Comercial el final de la alocución de Peña Gómez, cuando arengaba a sumarse al movimiento que restauraría la constitucionalidad a la República con la deposición del Triunvirato.
No llegamos a nuestro destino, pues, subimos por la 19 de Marzo y tomamos la calle Hostos, cuando frente a la antigua heladería de los Imperiales encontramos de frente a Narciso Isa Conde en un carro Riley negro con varios compañeros que portaban armas largas, gritándonos vamos para el puente, ya a partir de este momento hubo confusión hasta el 28 fecha en que se anunció el desembarco de la tropa invasora: recuerdo los siguientes hechos, sin orden cronológico antes del desembarco:
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Negativa de Wessin a aceptar el retorno de Bosch
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Ruptura de las negociaciones en Palacio.
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Salida de las tropas regulares del campamento 16 de Agosto (donde se encuentra hoy la UNPHU).
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Cañoneo del puente Duarte por el CEFA.
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Abandono del Palacio Nacional.
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Toma del Palacio por fuerzas de Montás.
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Amenaza de la Fuerza Aérea de bombardear constitucionalistas y operación espejos en los techos.
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Amenaza de represalias contra familiares en ambos bandos (nosotros resguardamos en nuestra casa a la madre y una hija recién nacida de la esposa del capitán Fernández Collado).
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Sacamos en una ambulancia a petición del nuncio Clarissio, al padre Marcial Silva de la Casa de Cursillos así como también llevamos a la nunciatura un hermano de Winston Arnaud, instructor de cadetes constitucionalistas.
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Recordamos la labor humanitaria del Nuncio y de las monjitas del Padre Billini en favor de un capitán de apellido Hung de la policía que estaba herido en ese hospital y que se escapó de la Fortaleza Ozama cuando fue tomada por los constitucionalistas.
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Como por arte de magia se conformaron comandos por todas partes.
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Luego de la llegada del Boxer, frente a la feria ganadera, los helicópteros comenzaron a evacuar norteamericanos desde el hotel El Embajador al portaaviones, que por cierto vimos gentes que rogaban ser transportados desde el campo de golf del El Embajador, sin ser ciudadanos ni residentes en Estados Unidos.
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El país vio por Radio Televisión Dominicana, creo que el día 25 de abril a Freddy Beras con un fusil exigir al entonces relacionador público de la policía Belliard Sarubi, el respeto a la constitucionalidad.
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Escuchamos las notas de prensa de Estados Unidos justificando la invasión por la presencia de 50 Castro-comunistas.
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Caamaño, Monte Arache, Lora Fernández, Núñez Nogueras, Lachapelle Díaz, Euclides Gutiérrez, Kbito Gautreaux, Jotin Cury, Héctor Aristy, Evelio, Pichirilo, Piti Huellemont y todos los miembros de los partidos que tenían comandos en el parque Ramfis, en la José Gabriel García, en la Vicente Noble, en San Antón, Isabel La Católica, eran vistos por todo el sector constitucionalista todos los días hasta la firma del pacto que dio paso al gobierno de García Godoy.
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Recordamos un internado de mujeres por la Padre Billini. El francotirador en los Molinos Dominicanos. La Operación Limpieza que resultó un crimen contra la población en la parte alta de la ciudad y que provocó que muchos combatientes se dispersaran por todo el interior del país y entre los comandos de Ciudad Nueva.
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La Hoja y Patria, la prensa escrita de cada bando. Radio San Isidro. Gobierno de Reconstrucción. Gobierno de Molina Ureña. Gobierno de Casasnova. Gobierno de Caamaño.
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Cientos de familias abandonaron sus casas en Ciudad Nueva. Se formaron otros centros comerciales.
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Los capitaleños tomaron pánico al puente Duarte y comenzaron a llamar "el otro lado del río".
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Se dividieron las Fuerzas Armadas.
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Cuarenta y cuatro mil soldados llegaron como Fuerza Interamericana de Paz, sin saberse quién los llamó y cuando se fueron (norteamericanos, Bruce Palmer; brasileño, Panasco Alvín, paraguayos y nicaragüenses).
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Recuerdo otras cosas pero no he decidido hacer mi libro y muestro la fotografía de un soldado muerto el día 24 de abril. Tomada dos día después en la esquina 30 de Marzo con Trinitaria frente al antiguo Teleinde canal 13 de José Semorille, nunca supe su identidad, ni de qué bando luchaba, ni quien trató de quemar su cadáver, sencillamente pasé en una ambulancia por el lugar y en ese momento sólo tenía cerca a los miembros del comando de San Carlos (Rolitas), el Palacio estaba desierto.
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La fuerza de ocupación tomó gran parte de la ciudad y dejó huellas que todavía hoy recordamos:
Hoy día vemos circular por nuestras calles dos o tres jeeps que fueron tomados por comandos dominicanos a las tropas invasoras en la calle Vicente Noble.
El cordón para "proteger" el corredor al aeropuerto: Avenida México, 30 de Marzo, calle Pimentel, Braulio Álvarez, puente Duarte.
Puntos de chequeos para entrar y salir de la zona constitucionalista: Pasteur esquinas George Washington, Independencia y Bolívar.
Avenida Duarte esquina Ravelo (Constitucionalista) y esquina Barahona FIP.
Santa Bárbara, clínica doctor Zaiter y casa Zaglul.
Una nota jocosa:
Las mujeres que en Francia entretenían a los alemanes durante la ocupación en la Segunda Guerra Mundial la pasaron muy mal, pues fueron señaladas como traidoras y colaboracionistas, pero como alemanes y franceses son blancos, no pudieron detectar los hijos producto de las relaciones o el amor entre "ocupantes y ocupados", sin embargo aquí aunque no abundaron los casos, pudimos observar que en el trayecto denominado cordón de seguridad de las fuerzas invasoras, nacieron algunos rubitos en las zonas a cargo de tropas norteamericanas y enfermaron algunas chicas producto de una famosa "rasquiña paraguaya" en la zona que tenían a su cargo los soldados del Paraguay.
Las raciones que entregaban a los soldados contenían alimentos que no requerían refrigeración, los cuales ellos regalaban o vendían a dominicanos que se encargaban de la limpieza en las tiendas de campaña más o menos lo que hacen los cubanos en Guantánamo.
Los regalos más preciados después de los relojes eran unos productos Old Spice que los soldados usaban para su higiene y que llenaron hogares y farmacias con lociones, perfumes, after shave, shampoo, entre otros.
A pesar de que se registraron algunos casos no fueron comunes los matrimonios entre soldados y dominicanas y las violaciones fueron prácticamente nulas.
Los bancos, que estaban todos en la zona constitucionalista, fueron protegidos y nadie jamás pudo probar que se tomó ningún valor de sus bóvedas.
Las mercancías que el 24 de abril se encontraban en almacenes aduanales se quemaron con el fuego de la margen oriental del río Ozama y luego se dijo que fue provocado.
Los sueldos fueron pagados por la OEA en todo el país, incluyendo en los dos gobiernos.
Muy pocos religiosos permanecieron todo el tiempo en la zona constitucionalista.
Siempre existió el temor de que las fuerzas de ocupación avanzaran y la tomaran, pero corrían el riesgo de ser acusados de reprimir un movimiento que trataba de restaurar la constitución de la República.