Cosas del tiempo son...
Si alguien le hubiese dicho a nuestros abuelos que la tecnología iba a ser de la manera que la conocemos hoy en día nos hubiesen dicho que estábamos locos. Aquella tranquilidad que se vivía en los pueblos hoy se ve alterada con una serie de instrumentos que necesitamos si no nos quedamos rezagados, y como dicen por ahí: analfabetos digitales.
Nunca hubieran pensados nuestros antepasados que no pudiéramos vivir sin una computadora, que se puede comunicar con todo el mundo, verle la cara y sin pagar un centavo.
Nunca habrían imaginado un celular con el cual poder hablar hasta la conchinchina y que ese aparato se podría guardar en el bolsillo trasero de cualquier Jean de curvas bien formadas.
Y qué decir de un bendito bluethoo, un aparatico que se lleva todo el día en el oído, aunque a uno no lo llamen mucho.
No podemos dejar atrás el memory stick para guardar información y llevarlo guindado del cocote para que no se nos pierda. Cámaras con cuchumil megapixel para sacar fotos nítidas de cuanto se nos ocurra. El ipod que no solo es celular, también es archivo musical, de videos, fotos y juegos.
Ahora nos llega el Wii, para jugar haciendo ejercicios y muchos otros equipos que son la sensación en esta época. Pero, de igual manera, hubiese sido muy difícil decirles a esos mismos parientes, que a pesar de la tecnología tendríamos gobiernos que nos pondrían a usar todos los sentidos al mismo tiempo:
Los ojos bien abiertos.
Los oídos en el corazón del pueblo.
La boca callada porque si no te excluyen.
Las manos dispuestas a aplaudir todo lo que se les ocurra, aunque sea mentira.
Los pies sobre la tierra, para que no te embromes.
El gusto ni se diga... te tiene que gustar todo lo que hagan
Manos siempre dispuestas a coger cualquier chequecito
Y los dedos metidos entre... Los agujeros de la nariz para que no te de ningún mal olor de algo putrefacto.
Aunque, no sé, pensándolo bien, nuestros abuelos talvez pensaban como uno ahora, porque si mi hijo me viene con que esto se va a arreglar, lo mando para el caray... cosas veredes mi querido Sancho...