Siempre he tenido la convicción de que mientras el mundo sea redondo la historia se repite. Pero no la más reciente, me refiero a todo lo que nos ha precedido en esa materia
Siempre he tenido la convicción de que mientras el mundo sea redondo la historia se repite. Pero no la más reciente, me refiero a todo lo que nos ha precedido en esa materia. Casos hay sobrados.
No es ningún sacrilegio comparar nuestra situación como pueblo con la evolución histórico-religiosa de los primeros 1.000 años de existencia.
Hemos exiliado en lo más profundo del averno al Arcángel malo por no estar de acuerdo con los designios del todo creador.
Existen personas que parecen, más que políticos, los primeros que habitaron el Edén y aunque se les prohibió que comieran del "fruto prohibido", han saciado su hambre con el jardín completo. Se han convertido en "Caín", que sin el menor de los miramientos han "matado" al hermano.
Como pueblo hemos tenido nuestros "diluvios" y no dejan de aparecer inmediatamente algunos que se autoproclaman "Noé" (nada tiene que ver con Sterling Vásquez), para llevarnos a tierras seguras.
Podríamos llenar muchas cuartillas repasando esos acontecimientos que vivió el hombre para conformar esta humanidad, como lo sucedido con la construccion de un arca, la cual señalan tenía que ser cargada por personas especialmente ataviadas con una vestimenta especial, porque se electrocutaban; en pocas palabras, era una especial de central eléctrica. El Arca nunca fue encontrada. Aquí siempre se ha sabido donde está y quienes poco a poco la fueron desapareciendo. Me quiero centrar ahora en dos hechos en los cuales, como pueblo, hemos emulado muy bien: El primero, el éxodo. Al igual que el antiguo pueblo, liberado por Moisés de las garras faraónicas, así mismo, desde hace mucho tiempo recibimos la promesa de que tendríamos nuestra tierra prometida, de que vagaríamos por el desierto hasta llegar a esa tierra de promisión y que disfrutaríamos, como nunca de las bondades que se nos tenía reservada.
Al igual que el texto, todos esos "Moisés" han tenido que sentarse a contemplarla desde lontananza y no han visto hecha esa gran realidad de ver un pueblo feliz. Dentro del marco del hecho histórico no podemos dejar de mencionar que el famoso Maná que cayó del cielo, solo fue para un grupito y que el primero en desobedecer las leyes fue precisamente el que las tenía redactadas. Pasó por las armas a todos aquellos que, durante su ausencia, encontró adorando a un "Toro". Si bien es cierto que el pueblo de Dios sufrió ese éxodo durante cuarenta años a través del desierto, nosotros, como pueblo, hemos superado la hazaña desde la muerte de Trujillo hasta nuestros días.
El segundo aspecto es el del Salvador de la humanidad. Un muchacho humilde, de cuna pobre, el cual estaba destinado a redimir todos nuestros pecados. Un ser que ha hecho muchísimos Milagros. Que ha dado vista hasta los ciegos y los que no han querido ver es porque le faltan ojos. Un muchacho que nunca se supo de él sino hasta los treinta años y que en muy poco tiempo su sabiduría le depararía la más alta posición que cualquier ser humano haya imaginado jamás.
Un ser que pudo reunir a su alrededor a personas tan disímiles para que le acompañaran en todo su peregrinar. Nunca los cambió. Siempre estuvieron a su lado. Un señor que supo dar al César lo del César y a Dios lo que es de Dios. Una especie de servir lo Divino Para servir al pueblo. Que supo convertir el agua en vino. Que repartió panes y peces. Y que concentró todo su poder en revivir muertos. Como pueblo, y aquí vuelvo a repetir lo antes expueto de nuestra superación histórica, podríamos escribir nuestra singular historia bíblica de Patio. Ya no tenemos que esperar una "venida" porque se dio. Y tenemos ese Salvador entre nosotros, el que nos guiará por fuentes de aguas mansas, pero que seguirá combatiendo a Lucifer para que no gane adeptos a su causa. Como vamos a crucificar a un ser así. Ya solo le queda su ascención al cielo y sentarse a la derecha del padre, nuevamente.