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"¿Por qué no te callas?"
por Revista 110 | Publicado  11/20/2007 | Exclusiva

España tiene 500 años jodiéndonos y ahora también quiere que me calle. Yo tengo todo el derecho

Mandatos reales y desacatos revolucionarios, Un monarca loco pueda convertir a Hugo Chávez en un mártir con los románticos ribetes del héroe

No sabemos si la pasada Cumbre Iberoamericana pasará a la historia por la trascendencia de los acuerdos logrados en Santiago de Chile, pero sí estamos seguros de que será recordada por la discusión que sostuvieron Hugo Chávez, Zapatero y el rey Juan Carlos, estos últimos en defensa de los colores ibéricos. El encontronazo ha tenido la previsible consecuencia de activar las ya de por sí muy polarizadas facciones de las izquierdas y las derechas internacionales, lo que se ha expresado en los comentarios más diversos donde, según sea la filiación política del comentarista, el vencedor y el villano cambian de posición: algunos aseguran el triunfo del mandatario venezolano, que por fin les dijo lo que se merecían a los colonialistas españoles; otros se declaran felices de que finalmente alguien le haya puesto cara al bocón bolivariano.

Pasados algunos días y luego de escuchar a tirios y troyanos, quisiéramos estudiar la discusión con la mirada más desapasionada que sea posible.

Chávez a la carga

El presidente venezolano es un actor y, como tal, no está dispuesto a abandonar el guión trazado. Su propósito es dejar claro que posee la herencia directa e irrenunciable de Fidel Castro y, para lograrlo, está dispuesto a hacer cualquier cosa. Es cierto que en ocasiones se le siente fuera de tono, pero no se le debe menospreciar. Ha tenido la enorme habilidad de tejer su proyecto populista y convertirse en un líder siguiendo (más bien usando) las reglas de la democracia burguesa. Así, su actuación de Chile forma parte de ese plan para asumir la figura del guapo contestatario que no se detiene ante nada y que le va dando ya una proyección internacional. En esto hay un problema de imagen, como si estuviéramos hablando de un actor de Hollywood. Ni más ni menos.

Ahora bien, admitamos que lo dicho por Chávez es absolutamente cierto. Como político, Aznar es una figura de triste recordación, una de esas versiones retorcidas que la derecha nos regala con tanta frecuencia: aferrado a sus ideas extremas, con una clara tendencia hacia el fascismo, capaz de mentir si es necesario con tal de lastimar al enemigo. Como Chávez, Aznar fue desde la esquina opuesta un político de la confrontación y su apego lacayesco a los peores intereses norteamericanos (George Bush, claro) será recordado como una de las infamias más dolorosas de la política internacional reciente, solo superada por la nefasta figura de Tony Blair.

El error de Chávez radica, entonces, en lo inapropiado del momento que escogió para externar sus criterios en torno al ex mandatario español, sobre todo porque este no estaba presente en la Cumbre y supuestamente Zapatero no debió de cargar con las culpas de su antecesor. Claro que el bolivariano estaba sangrando por la herida. No olvidemos que Aznar mantuvo siempre una posición muy agresiva frente al resurgimiento de la izquierda en América Latina, lo que incluyó su participación en el dimensionamiento del supuesto golpe de estado contra Chávez.

La ira del monarca

Si tales eran las intenciones de Hugo Chávez, quien se equivocó fue el rey Juan Carlos. Zapatero, mucho más hábil y cuidadoso, optó por el mejor papel y mostró una elegancia y un tacto que son de aplaudir. Hizo lo que era necesario hacer: no oponer fuerza al despropósito del sudamericano, para no darle razones. Solo marcar la distancia entre su categoría política y el desafuero irresponsable del reeleccionista bolivariano. El monarca, por el contrario, complació al venezolano, se dejó arrastrar hasta el plano de confrontación que este necesitaba. De no haber sido por la salida del rey, la actitud de Chávez habría sido más marcadamente inapropiada, no habría encontrado contrapeso ni justificación.

¿Justificación? Sí, porque Juan Carlos de Borbón perdió los estribos, se dejó arrastrar por la farsa. El "¿por qué no te callas?" que espetó al mandatario latinoamericano provoca de inmediato la sospecha de intolerancia, sobre todo porque se pronuncia en un cónclave donde debe primar el democrático derecho de todos a externar criterios y porque los viejos prejuicios que sigue observando la creciente presencia española como un intento de reconquista colonial se activaron de inmediato. Para peor, quien manda a callar en este caso es el único entre todos los participantes en la Cumbre que no ha sido elegido democráticamente, mientras que el mandado a callar es el presidente latinoamericano que en más ocasiones ha consultado las preferencias populares en su país.

El futuro que ya vivimos

Más allá de la anécdota, el encontronazo puede tener algunas repercusiones. En principio, acentúa la conflictividad del proceso de crecimiento de la izquierda que vive América Latina, un proceso que hasta ahora había transcurrido bastante apaciblemente. Pero, además, va a enturbiar un tanto la apreciación sobre la presencia española en algunos países. Al interior de España, el más beneficiado es sin dudas Zapatero y, a través de él, la socialdemocracia. ¿Y Chávez? El bolivariano es el que menos problemas tiene. Él se mantiene apegado a su guión. Como antes Fidel Castro, a Chávez solo le interesa el poder y su liderazgo en la región y, como ha escogido la confrontación para lograr sus objetivos, este tipo de eventos le convienen. Esperemos nuevos capítulos en esta historia, a menos que el octogenario e invisible comandante cubano tenga razón y aparezca un loco que convierta a Hugo Chávez en un mártir con los románticos ribetes del héroe.

Dios nos guarde de los locos.

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