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"Ay doņa, no joda tanto, que no soy maestro para coger lucha"
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por Revista 110
Publicado 11/7/2007
 

Los que tienen más de 40 años recordarán lo que significaba para cada estudiante un profesor, ya de primaria, secundaria e incluso la universidad, por la responsabilidad con que ejercían ese sacerdocio que es enseñar.


"Ay doņa, no joda tanto, que no soy maestro para coger lucha"

Los que tienen más de 40 años recordarán lo que significaba para cada estudiante un profesor, ya de primaria, secundaria e incluso la universidad, por la responsabilidad con que ejercían ese sacerdocio que es enseñar.

La referencia anterior tiene que ver con el deterioro en que ha caído el prestigio de los docentes de estos tiempos, algunos de los (as) cuales han sido señalados (as) como responsables de acciones impropias de quienes tienen la obligación de orientar.

Por eso es que se afirma que como marcha la educación, en esa misma dirección está el país, lo que explica muchas inconductas que se observan en todos los sectores de la vida nacional dominicana.

Un ejemplo de irresponsabilidad magisterial fue el caso de la también educadora Indalecia Perdomo (nombre no real), la que preocupada por la calificación recibida por su hijo de parte de un catedrático, le visitó para saber el porqué de la situación.

Luego de explicarle el motivo de su visita, el profesor universitario, con toda la desfachatez del mundo, sólo le respondió a la preocupada madre: "Ay doña, no joda tanto, que no soy maestro para coger lucha".

¿Qué es la responsabilidad?

Definir qué es la responsabilidad no es algo sencillo, aunque un elemento indispensable para reconocerla es el cumplimiento de un deber, sea moral o incluso legal de cumplir con lo que se ha comprometido.

La responsabilidad tiene un efecto directo en otro concepto fundamental: la confianza. Confiamos en aquellas personas que son responsables. Ponemos nuestra fe y lealtad en aquellos que de manera estable cumplen lo que han prometido.

Es decir, la responsabilidad es un signo de madurez, pues el cumplir una obligación de cualquier tipo no es generalmente algo agradable, pues implica esfuerzo.

Un plomero, tiene que tomarse la molestia de hacer bien su trabajo, como también el carpintero tiene que dejar de hacer aquella ocupación o gusto para ir a la casa de alguien a terminar un encargo laboral. La responsabilidad puede parecer una carga, y el no cumplir con lo prometido origina consecuencias.