La izquierda o el reformismo
La izquierda o el reformismo
La complejidad del proceso electoral hacia el que se conduce la nación, podría estar determinado por cuatro factores importantes que involucra entre otros, una efectiva división del impulso político del Partido de la Liberación Dominicana; y las dificultades propias del Partido Revolucionario Dominicano, impactado como está por las influencias negativas de anteriores gobiernos, además de su eterno y complejo proceso de fracturas internas.
Por otra parte, está el Partido Reformista Social Cristiano, que da la impresión de haberse convertido en una especie de despojo en disputa, imposibilitado de realizar una real y efectiva recomposición de su otrora maquinaria y cautivar de nuevo a las masas que le siguieron con fidelidad.
Quedaría entonces la discreta existencia de una corriente de izquierda, favorecida por los vientos que recorren el continente, sin canales de expresión y representación, pero presente en las formaciones políticas tradicionales.
La desaparición de Joaquín Balaguer, dejó al Partido Reformista Social Cristiano a expensas de las maniobras politiqueras, de la compra de sus cuadros dirigentes por vía del transfuguismo, y los efectos devastadores de las pugnas de intereses grupales.
Mientras, consciente de esa realidad, El PLD y el presidente Fernández, han dedicado enormes esfuerzos y recursos, incluyendo el poder del gobierno y el Estado, para incorporar al camino de la reelección a connotadas figuras de esa formación política.
Es decir, que la resistencia balaguerista para contener el deterioro se esa organización, no tiene otra perspectiva que no sea el mantenimiento de una entidad política como espacio de negociación que avanza a convertirse en fuerza determinante frente a una posible segunda vuelta electoral en la que podrían asegurar cuotas de poder de uso futuro para su relanzamiento.
En ese sentido, los esfuerzos desde la polarización PRD-PLD, de cara a las elecciones de mayo de 2008, tendrían dos grandes versiones. A saber: la que promueve el proyecto reeleccionista de engullirse al PRSC, a fin de garantizar la imagen de que pueden ganar en primera vuelta con un candidato que, además de presidente, aparecerá en la casi totalidad de las boletas electorales.
De otro lado, la versión que impulsa el PRD, a quien le convendría la permanencia del PRSC como una distante tercera fuerza, lo que implicaría la separación, no solo formal, de un aliado que le dio el triunfo al PLD en los pasados comicios.
Es decir, que la polarización, que ya existe, entre perredeístas y peledeístas, dejaría al reformismo como un espacio de despojos en disputa.
Sin embargo, la polarización objetiva, a partir de la recomposición de la clase política, no es simplemente inducida como herencia de los últimos procesos electorales y sus resultados, sino que resulta también del manejo de las encuestas y del papel que juegan los medios de comunicación.
Esto se debe a que esa medición de fuerzas entre PLD-PRD ha planteado una realidad en la se que perfila un "empate técnico", que deviene de un ascenso reconocido por sectores oficiales de la candidatura de Miguel Vargas, por un lado, el descenso de la propuesta reeleccionista de sus referencias históricas, por el otro, y el mantenimiento del PRSC como una tercera fuerza que podría influir el resultado de una segunda vuelta.
Todo esto, en medio de una realidad en la que no se vislumbran cambios importantes en la economía nacional, donde el reclamado "equilibrio macroeconómico" depende simplemente de factores inmanejables tales como los precios del petróleo, el impacto de los sistemáticos ajustes estructurales y de política económica, así como del nivel de la estabilidad política institucional.
De igual manera, un factor a tomar en cuenta inevitablemente, es la posición y la actitud de Estados Unidos, quien tiene frente a sí el desafío de no permitir más el deterioro de su gravitación en el dominio político-militar y económico en la región, especialmente en el Gran Caribe, con lo que ellos llaman "la amenaza cubana", hoy potenciada también por la vinculación del denominado "eje del mal", que incluye los gobiernos de Chávez, Correa y Morales.
¿Hacia dónde vamos?
Al margen de la votación que pueda obtener el PRSC, y por la tendencia política que exhibe el panorama, es imposible que esa entidad política pueda determinar, por sí sola, los resultados de una segunda vuelta electoral.
Consciente de esa realidad, el PLD y su proyecto reeleccionista trabaja desde ya esa posibilidad, en el entendido de que es necesario buscar otros huecos del electorado, que puedan completar ese fenómeno en segunda vuelta, o que eventualmente lo garanticen en la primera.
Según estudiosos del comportamiento político del país, ese hueco estaría referido a una parte de la población electoral del país, dispersa en tres grandes bloques que incluye al grupo proclive al PLD que siempre manejó ideas democráticas y de izquierda, en la fracción del PRD que siempre ha tenido relación con los grupos de izquierda, que ha sufrido severos desengaños con los gobiernos perredeístas, y que fluctúa entre el voto contra y la abstención, y la fracción de izquierda que aletea en la vida política dominicana, pero que solo existe culturalmente, debido a que no tienen un referente electoral organizado.
Ese sector no tiene ninguna probabilidad de manejarse, al margen de las discusiones de algunas propuestas de candidaturas, como la de Ramón Almánzar, por Nueva Alternativa, Guillermo Moreno, por la Fuerza de la Revolución y Juan Hubieres por el MIUCA.
Esa es la razón por la que el presidente Fernández, desde una posición muy clara, ha intentado una especie de convenio o acuerdo político con Estados Unidos, para jugar a ciertas poses de izquierda.
Dos acontecimientos importantes así lo demuestran. Uno tiene que ver con los pronunciamientos del mandatario cuando dijo que su gobierno realizaba una revolución democrática, al momento de la convención interna del PLD, en la pretensión de arrebatar el discurso a dos fracciones perredeístas que competían con Miguel Vargas, lográndolo en cierta medida.
Se trata de Milagros Ortiz y Rafael Suberví, quienes se limitaron de asumir el verbo tradicional del partido blanco sintetizado en los planteamientos políticos que históricamente enarboló Peña Gómez. Esa es una de las razones por la que Vargas ganó las primarias.
Otro acontecimiento a destacar tiene que ver con la convocatoria a una cumbre de la izquierda en el país, aprovechando conexiones con el gobierno brasileño, y en momentos en el que el mandatario se había negado a discutir con los sectores sociales del país que han protagonizado dos huelgas generales, influidos por sectores de izquierda.
El objetivo de esa actividad podría estar vinculado entonces a la estrategia reeleccionista, en el sentido de tratar de influir en los presidentes Chávez, Ollanta, Morales y Correa, de manera que le "pitchen el juego" a Fernández en el país para reciclar su figura, lavando un poco el derechismo de un gobierno que ha sido pro norteamericano.
Es decir, Fernández sabe que el reformismo solo, al margen de su votación, no determinará los resultados de una segunda vuelta, por tanto, quiere ganarse por adelantado el voto de la abstención, y así, poder jugar a quedarse en la presidencia de la república.
Sin embargo, el resultado de las elecciones es incierto. El último sondeo real del PLD, así lo demuestra, cuando acusaba un aumento significativo de Miguel Vargas en la simpatía electoral, justificando luego el fenómeno con aquello de que todavía el presidente Fernández no estaba en campaña, sin embargo, las expresiones del mandatario no son más que maniobras políticas dirigidas a captar adeptos en los partidos de oposición, y en una compra efectiva de dirigentes reformistas y de otros sectores, que si no agregan votos, por lo menos ofrecen la imagen de que Leonel puede ganar en primera vuelta.
Es por eso que Fernández tiene muy claro que aparecerá en un porcentaje alto de los registros electorales como candidato presidencial. Así lo demuestra el hecho de que, cuando desde el oficialismo se muestran, no solo en sus encuestas, sino en sus valoraciones, determinadas cifras, y cuando no pueden esconder los progresos de la candidatura de Miguel Vargas, es porque existe la conciencia de la debilidad del proyecto reeleccionista para mantenerse en el poder. De todas maneras, Habrá que esperar.