El Centro León cumple cuatro años de trabajo, cuatro años de una labor que se extiende desde el Cibao hacia todo el país y salta sobre nuestras fronteras. Siendo tan joven, ese equipo de especialistas debería de estar dando los primeros pasos, aprendiendo cómo hacer gestión cultural. Pero en realidad dan cátedra dentro y fuera del país, sorprenden a propios y a extraños porque han construido un paradigma de eficiencia puntual y enriquecedora, un ejemplo que nuestras instituciones estatales de la cultura deberían seguir. Cuatro años después de su fundación, en 2003, el Centro León le puede decir al mundo: así se construye cultura.
Como el éxito tiene muchos padres, la inmensa mayoría aplaude su ejecutoria. Lo que pocos hacen es preguntarse a qué se deben los triunfos de una institución cultural que en apenas cuatro años ha logrado un renombre que es sinónimo de calidad, organización y eficiencia en todos los sentidos. Habrá incluso quien diga que eso no es nada del otro mundo cuando se tiene el respaldo de la Fundación Eduardo León Jimenes. Puede ser. Ya decía un hombre grande que algunos no alcanzan a ver el sol, solo sus manchas.
¿Exponer? ¿Qué cosa?
El Centro León tiene en sus magníficas instalaciones cuatro salas de exposiciones, tres permanentes y una transitoria. Cuando el visitante camina esas salas, suele llevarse una sorpresa que empieza por ser molesta y luego se va transformando en agrado, hasta terminar en admiración: lo que sus ojos ven expuesto no es una sucesión de objetos importantes por su valor histórico o artístico y unos carteles que le explican lo que está viendo. Eso es lo que normalmente nos ofrecen en nuestros museos: una clasecita de historia o de geografía o de antropología o de vaya usted a saber qué. Las exposiciones del Centro León son diferentes: constituyen un reto que espera por la curiosidad y la sensibilidad del espectador.
La razón es muy clara: allí los objetos no tienen un valor en sí mismos, son signos de un discurso que el visitante debe leer con su propia experiencia, gusto y cultura. Pero hay más, es un discurso que llega desde todas partes: en imágenes, sonidos, olores, ambientes, incluso contactos, como debe ser el lenguaje con el cual se le hable al hombre y la mujer de hoy, seres acostumbrados a la comunicación multimedia e instantánea. La delicada inteligencia que se ha empleado al diseñar el discurso expositivo del Centro León explica por qué en exposiciones como Signos de identidad o Génesis y trayectoria hay mucho más de sugerencia que de cosa dicha explícitamente.
Al final, cuando el visitante camina ya por el pasillo, se pregunta: ¿Qué me dijeron? Y debe concluir que nada, no le dijeron nada. Sugirieron a su sensibilidad un millón de posibilidades que él o ella deben convertir en apropiación significativa. Esta manera de entender la cultura explica que el Centro León, a pesar de su bellísimo edificio, no sea un museo distante e imponente, sino un abrazo acogedor que envuelve y seduce al visitante.
¿La cultura? ¿Cuál cultura?
Una de las cosas más impresionantes del Centro León es la organización casi perfecta con que asume su programa de animación sociocultural. Las programaciones mensuales son definidas con antelación suficiente como para divulgarlas convenientemente y preparar su realización cuidando cada detalle. Ahora mismo, para que se tenga una idea, la institución tiene planificadas las exposiciones que pondrán en sus salas hasta el 2010 y cada una de ellas está precedida por un período de investigaciones que alcanza los dos años e incluye un programa de actividades paralelas para los públicos más diversos.
Frente a esta precisión organizativa, no ha faltado quien acuse al Centro León de elitista, algo que no debía de extrañarnos, habituados como estamos en este país a no aceptar las virtudes y los triunfos ajenos. Una simple revisión del programa de actividades que la institución con sede en Santiago de los Caballeros haya desarrollado en cualquier mes resultaría suficiente para rebatir esa percepción: allí pueden encontrarse desde charlas sobre las bellas artes, hasta presentaciones de un grupo de carnaval, pasando por la exposición en video de un concierto realizado en el Madison Square Garden.
Todo el trabajo del Centro León gira en torno a tres ejes temáticos fundamentales: creatividad, identidad y habitabilidad. Esto les permite mantener un núcleo organizador sólido e impedir que su quehacer se haga demasiado amplio y se desnaturalice, como ocurre en muchas de nuestras instituciones culturales, a las que usted encuentra hoy montando una obra de teatro y mañana enviando un cohete a la luna porque, al fin y al cabo, todo es cultura. Pero además, la acusación de elitista se hace más insostenible cuando nos percatamos de que el Centro León es una de las pocas instituciones nacionales que ha logrado rebasar la apreciación segmentada de la cultura, esa que separa antagónicamente lo artístico, lo popular y lo mediático.
Consciente del hondo proceso de hibridación cultural que ha ocurrido en nuestra sociedad, el Centro León organiza su trabajo desde una perspectiva amplia y humana, esa donde lo mismo cabe un congreso sobre el son y la salsa que una exposición de Yoryi Morel o una bienal de videoarte.
¿Nacional? ¿Y de dónde?
Quizás una de las grandes ventajas del Centro León sea tener su sede en Santiago de los Caballeros. Estar fuera de la capital los libra de ciertas tensiones y exigencias cosmopolitas más vinculadas con el esnobismo que con la modernidad, al tiempo que los mantiene cerca de las dimensiones de lo regional y sus maneras de manifestarse. Para decirlo rápido: les permite escapar a la creencia de que todo el país se resume en la capital.
De cualquier forma, no deja de ser interesante cómo en solo cuatro años el Centro León ha conseguido desde la provincia una resonancia internacional, no ha perdido el contacto con las regiones del interior del país, pero al mismo tiempo tampoco se le puede negar la condición de nacional. Este hecho no es fortuito. Nace de una percepción cultural muy clara en torno al mundo en que vivimos. Entiende lo que significa el proceso de globalización como acercamiento inevitable entre países regido por el comercio y la forma en que ese proceso fragmenta las identidades nacionales. En lugar de oponerse terca e inútilmente a la globalización, el Centro León la entiende como un proceso de intercambio que puede ser muy enriquecedor, siempre y cuando se ejecute desde una perspectiva cultural.
Así, el trabajo de la institución busca una articulación consciente de lo global, a través de la cooperación interinstitucional; lo nacional, a través del respeto por la diversidad; y lo comunitario, entendido como la célula esencial de la identidad cultural, aquella que sostiene al individuo y da un contenido humano a los acercamientos con otras personas y otras culturas.
¿Casualidad? Ni de lejos
Lo que intento decir es que los triunfos del Centro León como institución dedicada a la promoción cultural no son obra de la casualidad. Son consecuencias de estrategias muy bien definidas a partir de la filosofía que ha caracterizado la ejecutoria del Grupo Eduardo León Jimenes y se basan en estudios sobre las más modernas teorías acerca de la educación, las artes y la gestión cultural en la actualidad. Detrás de ese intenso programa de actividades socioculturales que el Centro León desarrolla cada mes hay mucho estudio y dedicación, los mismos que les han permitido articular de manera armoniosa el mundo con la comunidad, único modo de vivir el presente sin desarraigos.
Un lugar donde todo el mundo se encuentra, ese es el lema del Centro León, ese espacio mágico donde todos los caminos se cruzan.