Durante los últimos años la República Dominicana ha tenido que soportar todo tipo de acusaciones en su contra.
Durante los últimos años la República Dominicana ha tenido que soportar todo tipo de acusaciones en su contra, provenientes del Departamento de Estado o American Watch y hasta de Amnistía Internacional, las que periódicamente señalan el país como practicante de racismo, esclavista y xenófobo.
Estos señalamientos tomaron vigencia casi permanente durante los últimos cinco o seis años debido a las denuncias formuladas mayormente por los curas Hartley y Riquoy, los que insistían desde territorio nacional y ahora en el exterior, el maltrato a los haitianos que laboran en los bateyes azucareros.
Pero las acusaciones contra el país han seguido desde otros ángulos. Ahora se le presenta como "paraíso del narcotráfico", según un reportaje difundido hace algunas semanas por la cadena de noticias estadounidenses CNN.
Mientras, España advierte a los suyos sobre la malaria endémica en el país y Canadá hace lo propio con sus ciudadanos "para que se cuiden cuando visiten la República Dominicana debido a los constantes atracos y asaltos de que son víctimas los turistas".
Como señala un comentario publicado en un matutino, "la publicidad negativa en el exterior es abundante y se vende al país como inagotable en riquezas naturales y placeres. También parece que es inagotable en males, pero sobre todo en paciencia para aguantar tantos ataques".
Racismo
La acusación que con mayor énfasis se formula contra la República Dominicana es su alegado racismo y xenofobia, ejercido principalmente contra ciudadanos haitianos residentes legales o indocumentados en el territorio nacional.
En este empeño algunas órdenes de la Iglesia Católica han llevado la voz cantante, como lo demuestra el "Proyecto Lucha contra el Racismo y la Xenofobia en República Dominicana", preparado y desarrollado por el Servicio Jesuita a Refugiados/as y Emigrantes, con los auspicios de la Unión Europea y Entreculturas.
Dicho proyecto se inició en el 2003 con una proyección a ser ejecutado en tres años, el cual elaboró sobre la base de los planteamientos de la Conferencia Mundial Contra el Racismo (SJRM), la Xenofobia y las formas conexas de Intolerancia, celebrada en Durbán en el 2001.
En ese evento se reconoció "la necesidad de incorporar la perspectiva de género en las políticas públicas y estrategias de acción contra el racismo en el caso de los menores, jóvenes, niñas y niños".
Durante el primer año de ejecución, se realizó la investigación "La Actitud Racial en la República Dominicana", la que sería publicada dentro de las actividades de esta versión de la Campaña Nacional Contra el Racismo y la Xenofobia, conjuntamente con otro texto con las entrevistas aplicadas en dicho proceso a actores claves, como material didáctico-educativo.
Esclavismo
En lo que respecta al alegado esclavismo que se practica en el país, lo más novedoso es el documental "Niños de la Caña" de la cineasta y antropóloga cubanoamericana Amy Serrano, en el que se critica las condiciones de vida que tienen los haitianos en la República Dominicana.
El filme fue presentado el pasado 27 de junio en el Grahan Center, de la Universidad Internacional de La Florida (FIU por sus siglas en inglés), en el que se pretende presentar detalles "de un caso insólito de esclavitud moderna a la que están sometidos los braceros haitianos indocumentados que trabajan en la zafra azucarera dominicana".
En la actividad, a la que asistió el cónsul general de Republica Dominicana en Miami, Manuel Almánzar se quejó de que no se le permitiera la palabra al finalizar la presentación del documental, en el que se acusa al país de traficar, maltratar y esclavizar a los inmigrantes haitianos para trabajar en los campos de caña.
Sin embargo, un estudio realizado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en 2004, y en la cual se entrevistó a 40,000 haitianos que habitan en República Dominicana, concluyó que viven en iguales condiciones que los propios dominicanos.
Incluso, Fritz Cineas, embajador de Haití en República Dominicana, negó recientemente que sus compatriotas sean utilizados como esclavos y aseguró no haber recibido ninguna queja por maltrato.
Asimismo, la organización no gubernamental Amnistía Internacional, se ha negado ha utilizar el término "esclavitud" para referirse a la situación que viven los haitianos en República Dominicana.
El Papa dice no
De acuerdo con una nota publicada el pasado seis de julio en el matutino Diario Libre, en la que se recogen una declaraciones del Papa Benedicto XVI, se afirma que "aunque no pondrán fin a la campaña de descrédito, los pronunciamientos del Papa Benedicto XVI, en torno a que en el país se trata con caridad a los haitianos, servirá para enviar una clara señal de que en la República Dominicana no hay discriminación racial ni xenofobia.
"Tanto el director ejecutivo del Comité Dominicano por la Solidaridad Internacional con Haití, Juan Miguel Castillo Pantaleón, como el diputado Pelegrín Castillo Semán, coinciden en señalar que los dominicanos son solidarios con sus vecinos haitianos".
Trabajo forzado
El pasado 13 de junio la prensa se hizo eco de un informe del Departamento de Estado en el se cita a la República Dominicana como uno de los países en que se explota a los niños al someterlos a trabajos forzados.
No es la primera vez que desde una agencia estadounidense o desde organismos internacionales se formulan señalamientos que desfavorecen la imagen internacional de la República Dominicana.
Y se hace pese al hecho de que en el mundo, aproximadamente 351.7 millones de niños entre 5 y 17 años realizan algún tipo de actividad económica, de los cuales 170.5 millones (48.5%) realizaban algún tipo de trabajo considerado peligroso.
Un alto porcentaje se encuentra en la agricultura, otros en minas, manufacturas, ladrilleras, predominantemente en la economía informal.
El Convenio 138 (sobre la edad mínima de admisión en el empleo) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Convenio 182 (sobre las peores formas de trabajo infantil), definen como trabajo infantil peligroso el que puede afectar la salud, seguridad y moralidad de los menores.
Estudios específicos sobre los menores muestran su susceptibilidad particular frente a los riesgos laborales, aumentando la peligrosidad para su normal desarrollo y crecimiento: "los niños no son adultos pequeños".